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El ballet se puso de moda en los años treinta del siglo XIX. A pesar de considerarse una institución inmoral por la Iglesia, el ballet no cesaba su popularidad. Las damas de alto linaje tampoco lo aprobaban, pero les servía de pretexto para mostrarse en la sociedad.
Las obras de arte de la época victoriana nos ilustran el modo de pensar y la cultura de aquel alborotado período, marcado por cambios sociales, descubrimientos y revoluciones industriales. Analizando la moda ( podéis encontrar aquí), la poesía, la literatura, la pintura y la escultura podemos reconstruir la imagen de la mujer en la vida moderna de aquella época y su papel en la sociedad, cuyo principal pasatiempo era el ocio. Y Francia era el país líder en la producción de los placeres de la vida. Los hombres descubrían cada vez nuevas diversiones, mientras las respetables damas y muchachas vivían recluidas en sus casas. Cafés, cabarets, ballet, teatros y burdeles florecían en la oscuridad de la noche. Esta nueva vida estaba destinada únicamente al público masculino, la vida de la noche, cuyas diosas eran las mujeres.  





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Estamos en una época en la que la mujer se vuelve autónoma, pero su independencia fluía desde los fondos más bajos de París. Diferentes artistas reflejaron en sus obras los inicios de esta revolución que culminó después de la I Guerra Mundial con el derecho de voto para la mujer. El ballet desempeñó un importante papel en la desvinculación femenina del papel reproductivo, el único que le otorgaba a la mujer la patriarcal sociedad victoriana.  
Edgar Degas fue uno de los principales artistas en proyectar el ballet e inmortalizarlo en la historia del arte. Nos dejó cerca de 300 cuadros que representan a bailarinas, practicando, descansando, vistiéndose o preparándose para un estreno. Las bailarinas de Degas siguen siendo el tema preferido dentro de la historia del impresionismo, siempre hay un capítulo dedicado a la especulación sobre el sentido de la figura femenina en la gran obra de Edgar Degas.


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 El tratamiento misógino que reciben las damas de Degas es el eterno debate entre los historiadores. Para empezar a tratar esta delicada cuestión hay que empezar por recordar: ¿Qué es el arte? El arte es el lenguaje más sentimental de la humanidad, es una proyección de la sensibilidad, por esta razón considero que alguien que no es artista no puede dar una fiel interpretación de las obras artísticas. La impresión y el análisis son dos términos opuestos a la hora de comprender el arte. Podemos captar esa ligera sensación que recorre nuestro cuerpo en el momento de observar una obra artística, llamada intuición, justo ahí recide la comprensión. El análisis viene después y se enfoca siempre como una investigación que requiere atención y estudio. Claro que es necesario el análisis, el arte no puede separarse del hombre y de su contexto, pero la mejor interpretación reside en la simbiosis de estas dos cosas. 
Yo también me apunté al debate sobre las obras de Degas. Voy a nombrar sólo algunos acontecimientos de la biografía de Edgar Degas que me parecen relevantes a la hora de traducir el legado de su arte en palabras. 

Degas nació en el seno de una acaudalada familia aristocrática. Su noble linaje le permitió desarrollar una engalanada pedanteria, derivada de la consciencia de su clase. De joven era tímido, pero su personalidad sarcástica y cruelmente ingeniosa encontraba forma de convivir con el retraimiento social.  
Estamos en una época en la que el máximo exponente del arte era la pintura histórica de estilo académico. El joven Degas sintió que debía hacerse famoso y propuso varios cuadros ambientados en la antigüedad. Su creación no era movida por la pasión sino por la altanería tan propia del artista francés. Además es importante mencionar que Degas, a diferencia de sus coetáneos, los impresionistas, era bien acogido en los círculos académicos y nunca fue rechazado en el Salón. Estos datos apuntan a un carácter arrogante lo que define casi en un 100% las pautas de la personalidad. 


Edgar Degas biografía
Edgar Degas Autorretrato

1. La mujer como protagonista indiscutible de su obra, tanto pictórica como escultórica. Algunos biógrafos hacen un importante hincapié en ese dato, aludiendo a que ¿cómo alguien que odia el género hermoso podría pintar tantas mujeres? 
Las obras de Edgar Degas rebosan de bailarinas, prostitutas, costureras, lavanderas y mujeres bañándose, peinándose y aseándose. 
Yo creo que en este caso la cantidad no sobreentiende la calidad y que se puede explicar como un fenómeno derivado del odio. No en vano dicen que del amor al odio hay un paso.  De hecho, el objeto odiado muchas veces genera incluso más emoción en uno mismo, que el objeto amado. Basta con fijarse en el instante en que algo nos encoleriza, nos exaltamos, los músculos se tensan, los nervios del rostro se deforman, la temperatura corporal cambia, la adrenalina brota por la sangre, el corazón empuja oleadas de sangre por el cuerpo y el pulso se acelera. Todo el metabolismo cambia. Algo parecido sucede durante el acto sexual, pero en una versión más light, sin embargo, el amor sólo provoca las célebres "mariposas en el estómago"
Resulta que biológicamente el odio en ocasiones puede ser más fuerte que el amor, y provoca una explosión de adrenalina, que por cierto es adictiva. Sin ser conscientes, buscamos el objeto odiado más que el amado, ya que únicamente ese objeto puede suscitar en nuestro cuerpo semejantes atractivos cambios bioquímicos. Finalmente este cólera acaba gustándonos y se torna pasión. Mimamos y cuidamos a nuestro odio como a un caprichoso bebe y lo suministramos con nuevos pretextos y sentimientos para evitar que se apague. Pasión, en nuestra comprensión de hoy, es sinónimo de amor, preferencia muy ávida por una cosa o una persona, pero su significado más antiguo es sufrimiento. Se usaba para referirse al padecimiento de los santos, por ejemplo: la pasión de Cristo. 
Degas pintaba las carreras de los caballos porque le apasionaba el movimiento y pintaba a todas estas mujeres, porque le apasionaba su odio hacia ellas. De lo contrario, la expresión artística es imposible, el arte nace de una emoción para existir como emoción y provocar emoción. 
En el cuadro "Mujer secándose la espalda (1890)" se ilustra qué aspecto tiene esa sensación. El cuadro parece haber sido creado con un frenesí de trazos, bruscos y rápidos, como una llamarada de acción. Ese efecto suele encontrar tierra fertil en personas acomplejadas y resentidas, ya que rellena el vacío emocional que padecen. 
Degas pertenecía a esa categoría de personas. 

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2. Voyeurismo.
Desde el auge del ballet, las bailarinas se convirtieron en una especie de sex-symbol.  Toda muchacha proveniente de los bajos fondos de la sociedad anhelaba convertirse en la estrella del ballet, lo que conllevaba una prometedora carrera de prostituta y generosos ingresos. En 1831, el director de la Grand Opera recurrió a un estratagema poco artístico para avivar el interés de los caballeros por las damas de los escenarios. Permitió a su clientela más distinguida acudir al "Foyer de la Danse" durante los ensayos. El objetivo de este acto no dejaba lugar a dudas, convertir la intimidad de los ensayos en un espectáculo sexual. Todos lo sabían, incluido Degas, que frecuentaba las íntimas salas de citas para plasmar la repulsión que sentía ante estas jóvenes.
 Las muchachas de la obra "El ensayo de ballet en escena" se comportan con naturalidad satisfaciendo sus necesidades físicas: se rascan, se estiran y bostezan. La rutina diaria de los ensayos y el esfuerzo físico convertían a las bailarinas de ballet en simples trabajadoras, metiéndolas en el saco de lo que en aquella época se consideraba “escoria social”. Las bailarinas de Degas, célebres iconos sexuales, están desprovistas del brillo y glamour que relucen cuando salen al escenario. Son trabajadoras del sexo, angustiadas y vulgares. Con sus pinturas, Degas parece bajarlas de esta nube de gratificación sexual y placer venal y  devolverlas a donde pertenecen, a la clase baja, carente de educación y elegancia. Muchos consideran que este era el encanto natural femenino que tanto fascinaba al pintor francés. Edgar Degas provenía de una acaudalada familia de banqueros y una vez dijo que antes tendría en casa a un rebaño de ovejas que a una mujer. 
Poco tiene esta afirmación de admiración hacia la naturalidad y la simplicidad femenina. Degas nunca se casó y vivió recluido en su taller.
En los siguientes dos cuadros "Bailarina saludando con un ramo" y "La estrella" nuevamente se manifiesta la aversión por la cotidianidad y el "aura" de las bailarinas. Siendo ligeras y románticas sílfides en los escenarios, detrás de las bambalinas se convertían en unas auténticas lobas, que tenían que enfrentarse a terribles intrigas, escándalos y traiciones para arrancar un pedacito del espacio bajo el sol. La bailarina con el ramo tiene el rostro desfigurado, como la máscara de un payaso que tiene la sonrisa incrustada en la cara, su mueca parece eclipsar la dulzura del éxito y a sus espaldas otras bailarinas hacen caso omiso al triunfo de su compañera, mostrando el ambiente de hostilidad y rivalidad que impregnaba los teatros. En el cuadro "La estrella" se divisa la figura de un hombre engalanado esperando a obtener su botín después del exitosa actuación de su mercadería. El hombre personifica al protector, "cliente", que como todos los aburridos galanes de la época cayó la moda de copular con las bailarinas del ballet. Se intuye que el duro trabajo de la muchacha no termina con esta fabulosa actuación, sino que acaba de empezar. 

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El ensayo de ballet en escena
Edgar Degas cuadros

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Bailarina saludando con un ramo

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La estrella
3. El anonimato.
Edgar Degas no le interesaba el rostro. Sus mujeres carecen de personalidad. El anonimato es un fuerte detonante de la sexualidad, ya que la ausencia de la personalidad anula la posibilidad de ser juzgado moralmente. El papel del anonimato en la sexualidad es otro de los fenómenos analizados en mi libro, ya que me parece un tema muy interesante. En la última película de Stanley Kubrick "Eyes Wide Shut", se usa la máscara para mostrar los efectos que produce en los hombres la desindividualización. Permite dar rienda suelta a las fantasías sexuales más oscuras, liberar los deseos más perversos. El principal obstáculo, miedo a ser juzgado, desaparece, invitando a una exploración de los límites de la sexualidad humana. 
El ejemplo más omnipresente de la idea opuesta es encarnado por "Olympia" de Édouard Manet, contemporánea a las bailarinas de Degas. La exposición de este cuadro en el Salón de los Repudiados provocó uno de los mayores escándalos de arte en la historia. Olympia causó tanta indignación entre la alta sociedad, porque era una mujer bien conocida por sus componentes. Una famosa prostituta de lujo. Ella es una mujer independiente y dominante, no es el objeto observado, sino es la observadora de todos aquellos que pecan y se comportan como animales al caer la noche.
  Olympia ejerce el juicio sobre la consciencia de los que tiene enfrente, como el dios egipcio Osiris, que colocaba el corazón del difunto en un platillo de la balanza y la pluma de la Verdad Universal en otro. El atrevimiento femenino asustó a los hombres y durante su exposición fue colocado casi debajo del techo de la galería y con dos guardias a los lados, para evitar que los bastones y paraguas dañaran a la Venus de los suburbios. Mientras tanto, las pinturas de Edgar Degas eran muy del gusto de la ociosa sociedad patriarcal. 
Aprovecho el ejemplo de Olympia para desbaratar otra teoría muy popular entre los biógrafos de Edgar Degas: "El pintor plasmaba a mujeres independientes y trabajadoras, exaltando las duras condiciones de su profesión y dignificando sus esfuerzos por salir adelante". Esa definición le viene como el anillo al dedo a las obras de Édouard Manet, pero de ninguna forma a su coetáneo y amigo Edgar Degas. Manet era un célebre galán, y en su visión del mundo, las mujeres de los suburbios eran las nuevas anfitrionas de la modernidad, osadas, fuertes, independientes, luchadoras y peligrosas. Así las veía y así las mostraba al mundo.

Manet Olympia


4. Suciedad y torpeza.
A parte de lograr plasmar el efecto del tutú, esponjado y magníficamente traslucido, Edgar Degas también consiguió transmitir cierta sensación de la suciedad de los cuerpos. Mediante sus frenéticos y planeados trazos, colores sucios y opacos, Degas les otorga a los cuerpos femeninos una connotación negativa. Fijaos en sus torpes poses, algunas absurdas ¿Os habéis secado alguna vez la espalda en la posición que adopta la modelo del cuadro con el mismo nombre "Mujer secándose la espalda"?
Otra teoría frecuente en los libros de arte afirma que Degas estaba obsesionado con la naturalidad del cuerpo femenino.
 Para entender mejor sus cuadros hay que tener en cuenta que en el siglo XIX los parisinos solían bañarse una vez al año. Por lo que la mentalidad acerca de la higiene estaba invertida. El cuerpo se lava porque esta sucio, mientras que las devotas damas de la alta sociedad no tienen necesidad de lavarse, ya que tanto su dignidad como su cuerpo “están limpios”. A mitad del siglo, en París habían 78 empresas especializadas en llevar bañeras con agua caliente a domicilio. Las damas decentes no tenían necesidad de bañarse, se perfumaban. De ahí una larga tradición del perfume francés. Edgar Degas veía a los mitos sexuales de aquel momento como sucias prostitutas que tenían que lavarse y apostó todo su talento al propósito de mancillar a las diosas del sexo parisinas.
Otro importante detalle que confirma la profesión de sus modelos es la ausencia del vello púbico. Solamente las representantes del oficio más antiguo del mundo se depilaban. La mera idea acerca de la depilación resultaba vergonzosa para una dama de clase, tocarse el cuerpo era considerado pecaminoso y humillante, además de que la mayoría de las muchachas ni siquiera concebían la posibilidad de deshacerse del vello corporal.
Van Gogh en sus cartas a Emile Bernard (1888) decía que Degas era misógino, pero igualmente respetaba la manera en la que adoptó su forma de vida a su tarea como artista. Me encanta leer las cartas de Vincent van Gogh, es una forma más legible que su pintura de descubrir el lado más filosófico del genio holandés: "¿Por qué  dices que Degas tiene terribles problemas con la erección? Degas vive como un pequeño abogado y no quiere a las mujeres, porque sabe que si se permite quererlas y follarlas mucho, se convertiría en un enfermo mental y sin esperanza alguna para la pintura. La pintura de Degas es viril e impersonal, precisamente porque se resignó su personalidad a la existencia de una especie de abogado, dominado por el miedo a entregarse a una vida desenfrenada. Él espía a los animales en los humanos más intensivamente para obviar aquello que podría provocarle una erección y ganas de follar, precisamente porque no quiere conseguir un reclamo sexual." 
Van Gogh, el hombre premiado por los cielos con una profunda sensibilidad descifró a una mente perversa oculta tras estos torpes desnudos. Edgar Degas padecía trastornos sexuales, que plasmó en su obra, él mismo lo intuye en una de sus frases más celebres: "Un cuadro debe ser pintado con el mismo sentimiento con el que un criminal comete un crimen". Una de las características propias de la naturaleza humana es que aquello contra lo que más se lucha, más intensamente se manifiesta, no es una batalla de un día, sino la guerra de muchos años. No se sabe si Degas llegó a mantener relaciones sexuales con algunas de sus modelos o bailarinas que protagonizaron sus pinturas, dado su retraimiento de la vida pública.
Degas era un misógino compulsivo, detestaba a las mujeres y empleaba todo su talento para mostrar al público que detrás de esta preciosa fachada social, se ocultan seres asquerosos y sucios. El escritor Emile Zola, autor de la conocida novela "Nana" tampoco irradiaba amor por las mujeres y así describió estas pinturas: "Bestia humana que se cuida a si misma, es una gata que se relame". 
Degas pintó sin cesar a muchachas aseándose en posturas patosas y antisensuales, peinándose y vistiéndose. En una ocasión llamó a la serie de esos desnudos “animales aseándose”.

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