salvador dalí el periodo lorca

En el año 1922, Dalí terminó el colegio, y el engreído padre le mandó a estudiar bellas artes en la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando de Madrid. Ahí fue donde se encontraron los tres genios españoles más importantes del siglo XX, Salvador Dalí, el poeta Federico García Lorca y el futuro productor de cine Luis Buñuel.

 

Lorca, Tentación, Madrid


En mi anterior artículo hablé sobre la infancia y la adolescencia de Salvador Dalí y hoy cuento sobre la que es probablemente mi etapa preferida en la vida de Dalí.


Salvador Dalí el periodo Lorca


Sus amigos recuerdan y explican el famoso exhibisionismo de Dalí como resultado de una tremenda timidez. La audacia era artifcial, una reacción para combatir el peor de los males de Dalí: era terriblemente tímido, vergonzoso y absolutamente inseguro de sí mismo. Su timidez era patológica.
Dalí conoció a Lorca en la Residencia de Estudiantes de Madrid. La fama del poeta granadino le precedía, era talentoso, un prometedor dramaturgo, excelente pianista y buen narrador, poseía un impresionante don de gentes. Pero había "un lado oscuro" en Lorca por lo que muchos no le querían: era homosexual. En aquella época la homosexualidad era tabú. Antes de conocerle, Dalí sentía interés a la vez que rabia, Lorca brillaría mucho más que él en su círculo social, pensamiento que molestaba mucho al pintor. Conociendo la dificultad de Dalí para manejar sus sentimientos de verguenza, no es de sorprender que el célebre éxito social de Lorca le hiciera sufrir agudamente al compararlo con su propia torpeza. Como más tarde admitiría el propio Dalí:
"Durante ese tiempo conocía a varias mujeres elegantes en las que mi odioso cinismo buscó desesperadamente un pasto moral y erótico. Evitaba a Lorca y al grupo, que cada vez se convertía más en su grupo. Era este el momento culminante de su irresistible influencia personal-y el único momento en mi vida en que creí atisbar la tortura que puede haver en celos-."
El momento en el que se establecía la relación de Dalí con el poeta coincidió con el momento cumbre del psicoanálisis, que se puso de moda entre la juventud y liberó bastante el pensamiento contemporáneo. La década de los sueños de los veinte fue el boom de Freud, sus libros fueron traducidos al español y Dalí devoraba, leía y releía su obra.  "La intepretación de los sueños" fue una obra clave en la nueva percepción del mundo exterior y del mundo interior de Dalí, desde entonces los sueños y los viajes al subconsciente que se podían realizar mientras uno duerme, constituyeron la base de la expresión pictórica de Dalí.

El poeta tenía una excelente relación con la familia de Dalí y aparece en muchas fotografías, dibujos y cuadros. Visitó Cadaqués en dos ocasiones, en 1925 y en 1927. Salvador se sentía orgulloso del impacto que producía la personalidad de Lorca en todas las personas que iban conciendo en Cataluña. Es curioso que uno de los preferidos trucos de Lorca era simular su propia muerte y así fue inmortalizado en el primer retrato que le realizó Dalí. Posteriormente siguieron muchas obras en las que las cabezas de Dalí y Lorca estaban unidas, simbolizado la profunda unión espiritual que existía entre los dos amigos. Lorca estaba apasionadamente enamorado de Dalí y la sensación de ser el objeto de tan gran amor despertaba en Dalí tendencias homosexuales que asustaban al joven artista. Mucho tiempo después, Dalí reconoció que llegó a sentir deseos homosexuales, pero nunca le dejó a Lorca poseerle.

En el cuadro de la playa vemos la cabeza de Lorca, no sabemos si está durmiendo o muerto, pero el paisaje del cuadro está repleto de emblemas de la muerte, pintados con detallada precisión. Es una playa realmente fantasmagórica. Ese toque árido está presente en casi toda la obra de Salvador Dalí. Y tiene un efecto turbador en la consciencia, a la primera vista presenciamos un soleado paisaje en una hermosa cala, no hay signos de tormenta, ni tensión, la primera asociación es un tranquilo amanecer a punto de llenarse de gente que viene a disfrutar del día. También aparece el símbolo preferido de Dalí, un asno pudriéndose. Los pechos femeninos volando es una curiosa alegoría. El mismo Dalí poco antes de su muerte contaba que su amigo Lorca detestaba el pecho femenino.

"Algo totalmente propio de Lorca era su obsesión por la muerte. Se pasaba el tiempo hanlando de su muerte; por ejemplo, jamás se dormía antes de que todos sus amigos fueran a su habitación. Recuerdo una madrugada en que se hizo el muerto y dijo: "Es el segundo día de mi muerte." Habló de su ataúd pasando por las calles de Granada y de un "Romance de la muerte dentro del ataúd". Todos íbamos a verle y nos angustiábamos mucho con esa pantomima, y él se reía al ver la mirada de terror en nuestras caras, y después se relajaba y parecía muy contento y dormía muy bien. Le era absolutamente necesario, todas las noches, representar su muerte."

Salvador Dalí el periodo Lorca

 El cuadro más importante del "período Lorca" es Academia Neocubista titulado más tarde Composición con tres figuras. La figura central de la composición es la figura de San Sebastián, patrón de Cadaqués, en clave marinera. Hay una larga tradición de representación del santo desde el Renacimiento que ha elevado a San Sebastián como patrón de homosexuales y sadomasoquismo. No hay duda de que en este contexto, las flechas que atraviesan el cuerpo del santo son símbolos fálicos, algo con lo que sin duda concordaría el admirado por Dalí, Sigmund Freud.  
Lorca, que estuvo presente mientras Dalí pintaba La miel es más dulce que que la sangre quedó fascinado por el cuadro, con sus hileras de aparatos, sus cuerpos mutilados y otros objetos, todos pintados con precisión de pesadilla. En una emotiva carta que escribió Lorca a su amigo, hace varios comentarios sobre el cuadro:
"Desde aquí siento el chorrito suave de la bella sangrante de bosque de aparatos y oigo crepitar dos bestiecitas como el sonido de los cacahuetes cuando se parten con los dedos. La mujer seccionada es el poema más bello que se puede hacer de la sangre y tiene más sangre que toda la que se derramó en la Guerra Europea, que era sangre caliente y no tenía otro fin que regar la tierra y aplacar una sed simbólica de erotismo y fe."
En la misma carta menciona: "... Me he portado como un burro indecente contigo que eres lo mejor que hay para mí. A medida que pasan los minutos lo veo claro y tengo verdadero sentimiento."
La matafora "como un burro" lo más seguro que se refiere al otro intento de Lorca de poseer físicamente a Dalí. Es evidente que al abandonar Lorca su estancia en Cadaqués el pintor estaba seriamente preocupado por el rumbo que tomaba su relación con el poeta, estaba aterrado por sucumbir a los tentadores impulsos homosexuales de su talentoso amigo.
Sabemos de las propias confesiones del pintor, que en aquella época era un masturbador compulsivo y tenía miedo al coito que simbolizaba la sangre. En sus memorias se refiere a la masturbación como "el placer solitario más dulce que la miel".

La miel es más dulce que la sangre
La miel es más dulce que la sangre (en paradero desconocido)
Salvador Dalí el periodo Lorca
Esta composición compleja fue concebida como el Nacimiento de Venus. Pero las tres figuras femeninas que se pueden identificar están mutiladas o directamente masacradas. También hay abundancia de pájaros-símbolo lírico y sentimental en la concepción de Dalí y burros podridos-símbolo de un incontrolable deseo sexual fatalmente traducido en muerte. Los rostros de los dos amigos aparecen flotando. El de Lorca, durmiente e indiferente al sexo femenino, y el de Dalí, perverso, con lo ojos salidos y los dientes rechinando que nos muestran su actitud ante la cada vez más apremiante ansiedad sexual. En principio fue titulado Los esfuerzos estériles, pero Dalí preocupado por no arrojar demasiadas pistas, lo transformó en el actual Cenicitas (1928)

Salvador Dalí el periodo Lorca
Naturaleza muerta al claro de la luna malva, 1926.
En este lienzo aparece el busto dalinino y el rostro de Lorca, que duerme y simula que muere.
Salvador Dalí el periodo Lorca San Sebastian
Composición con tres figuras, 1926.
San Sebastian es el centro de la obra y el emblema de la nueva relación entre los dos amigos, más platónica que carnal, más irónica que sentimental y rodeada por los simbolismos fálicos. Una clara sombra de Anna María se proyecta sobre las figuras femeninas. En esta composición piramidal, con una clara influencia del Picasso neocubista, los rostros de poeta y del pintor aparecen fundidos en uno sólo.

La filosofía de la masturbación

La verguenza es una emoción bastante rara en España, donde tradicionalmente a los niños se les permite expresar la agresividad y la ternura. La verguenza de Dalí tenía un caracter  patológico, el miedo a sonrojarse y a descubrir así su tremenda verguenza era la peor pesadilla para Salvador. Estos dos factores moldearon su personalidad alejándolo de sus compañeros y sumiendolo en aisalmiento. La sensación de estar expuesto a la crítica o a las risas equivalía para Dalí a una dolorosa emoción capaz de llevar al suicidio. Cuando uno siente esa terrible ruborización, es incapaz de comunicar a nadie lo que le está suciediendo y sólo siente deseos de escapar y esconderse. Es un temor de ser descubierto, pues el individuo se siente como desnudo ante los demás. 
La fantasía y la realidad estaban inseparablemente unidas para Dalí, como forma de huir de la cruda realidad social.
Hacia los 16 años, Dalí pudo dar un notable paso en la superación de su crónica timidez. El motivo fue la consciencia de su belleza. Siempre fue un dandy y se cuidó el mínimo detalle en el vestir. Se dejó el pelo largo, negro y liso, lucía un envidiable bronceado. De metro setenta de estatura, delgado y de porte atlético, Dalí era considerado muy guapo por las chicas que le rodeaban y en aquel entonces, también para sí mismo.


"Aquello" llegó muy tarde a su vida. Dalí se entera de lo que es la masturbación por las conversaciones salpicadas de eufemismos y sobreentendidos de sus compañeros. Probablemente, el terrible problema de Dalí con su sexualidad se debía a que el padre de Salvador le dejó un librito de ilustraciones médicas que mostraban detalladamente las consecuencias de las enfermedades venereas, entre ellas, la sífilis. Al sensible y retraído Dalí debieron de marcarle de por vida aquellas terribles imágenes de la sexualidad dañada. Estamos en una época en la que la masturbación era moralmente repugnante, volvía a uno débil, homosexual, ciego e incluso loco, tal era la opinión de la medicina ortodoxa en el siglo XIX y perduraría hasta bien entrado siglo XX. "Estaba absolutamente atrasado en cuestión de placer solitario, que mis amigos practicaban como hábito regular", escribe Dalí en su Vida Secreta.
En esa época, Dalí se interesaba por las chicas y se entretenía con las novelas galanes, algunas francesas, que contenían un alto grado de erotismo. Dalí describe sus turbios descubrimientos eróticos en las Confesiones inconfesables:
"Pero, sobre todo, experimenté durante mucho tiempo la gran turbación de creerme impotente. Desnudo, y comparándome con mis camaradas, descubrí que mi sexo era pequeño, triste y blando. Recuerdo una novela pornográfica donde el don Juan de turno ametrallaba los vientres con una alegría feroz, diciendo que le gustaba oír a las mujeres crujir como una sandía. Yo estaba convencido de que jamás podría hacer crujir así a una mujer. Y esta debilidad me roía. Disimulaba esta anomalía, pero a menudo era una presa de una crisis de risas incontenibles, hasta la histeria, que eran como la prueba de inquietudes que me agitaban profundamente."
La percepción que tienen las personas de su cuerpo, como se ven a uno mismo define nuestra propia identidad, esa percepción tiene mucho que ver con la verguenza, el miedo a que descubran algo que no aceptamos de nuestro cuerpo. En sus años de celebrity, Dalí admitía abiertamente que era un masturbador compulsivo, algo que no me parece ni escandaloso ni polémico. La masturbación es la forma más inofensiva de satisfacer la biología del cuerpo, sobre todo en la adolescencia, cuando los encuentros íntimos puedes ocasionar traumas y graves estragos psicológicos. 
A raíz de esta inquietud podemos identificar otra simbología muy común en la obra de Salvador Dalí, la flacidez. Lo blando y lo gelatinoso es un rasgo muy común de los objetos en sus cuadros.
La muleta era para Salvador sinónimo de impotencia, de debilidad. Cualquier objeto flácido necesita apoyo y cómo el mismo dijo: la muleta para mí siempre será símbolo de muerte y de resurrección.
Como a todos los surrealistas a Dalí le fascinaba el museo de cera, por su ambigua sensación entre lo que es observado y lo real. Dalí decía que la cera es el material que permite reproducir la textura de los seres vivos mejor que cualquier otro. Su flacidez es muy atractiva, pero las figuras de cera siempre parecen oscuras y fantasmales, mientras que la cualidad que posee la cera de derretirse al calentarse le recordaba a Dalí la desintegración de lo cadáveres.

Salvador Dalí sexualidad
El espectro del sex-appeal

Salvador Dalí sexualidad



Gala

En París conoció al poeta francés Paul Éluard, con quien entabló buena amistad. Le invitó a pasar un tiempo a su estancia en Cadaqués. El poeta vino con su mujer, así empezó una nueva etapa en la vida de Dalí: Gala.
Gala, una misteriosa femme fatale rusa, visitó las alcobas de todos, Dalí con 22 años de edad, de nadie.
Gala fue guía de Dalí a una vida diferente, al sexo.
Dalí contó en una entrevista que Gala fue la única mujer en su vida y que le debe todo. Pero la aportación más importante que hizo Gala es la reivindicación de la individualidad y la virilidad del pintor, que hasta entonces se consideraba mediocre. 
"Ella en seguida comprendió que soy un genio, mientras que yo pensaba todo lo contrario."

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Salvador Dalí Vogue imágenes pinterest
Salvador Dalí para Vogue 1971


Salvador Dalí Vogue imágenes pinterest


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Dedicado a Carmen del blog De Seda y Rosa :)