Alisa Gromova

Ningún momento muere, sólo cambia de lugar en la memoria.
Anoche vi la película "The eternal sunshine of the spotless mind" y como cada obra de arte digna de filosofía, me dejó varias horas pensando en la posibilidad de deshacerse de los recuerdos. 
Me pregunté que pasaría si yo tuviera la oportunidad de borrarme la memoria. 
¿Qué borraría?


Algún amor frustrado e incorrespondido, de esos que dejan una cicatriz ulcerosa en la autoestima o amistades que traicionaron y sembraron desconfianza en la honradez de la humanidad. Errores, caídas o momentos en los que uno se siente al borde de ansiedad, toreando pensamientos autodestructivos y no haya nadie que le tienda la mano. 
¿No es estúpida la ansiedad? Al final todo pasa.
Pero una vez hecha la imaginaría lista de los agujeros negros de mi memoria, me sacudió un fuerte temor. Y si al vaciar los archivos de "lo malo" también perderé mi riqueza emocional.
¿Como es una memoria no mancillada por el dolor, carente de un pasado y lúcida como la de un bebe? No habría referencias y junto con la desgracia se olvidaría la pasión, ya que NO EXISTE UNA GRAN DESGRACIA SIN UNA GRAN PASIÓN PREVIA.

Se desvanecería mi dramatismo, mi impulsividad, mi visión del mundo melancólica y bipolar; me gustan estas cualidades, hacen que los sencillos días rutinarios sean más emocionantes.
Y como dijo Pablo Picasso
La calidad de un pintor depende de la cantidad del pasado que lleve consigo.


Alisa Gromova