arte moderno cuadros de mujeres
Existen infinidad de miradas. La estructura de las galaxias se repite en la forma de los ojos y entre billones de ojos que observan el cielo desde la Tierra, no hay dos personas con ojos iguales. 
Los ojos son el espejo del alma y son la única parte de la anatomía humana que no puede ser entrenada para mentir. Incluso las miradas más adiestradas tienen sus segundos de verdad absoluta. Miradas de celos, de odio, de frustración, de envidia, de admiración, de cortesía fingida... de enamoramiento..., ésta última es mi preferida. 


No hay nada que embellece más a una persona que amor en los ojos, como si una magia especial se irradiara desde muy interior. Esa mirada es casi imposible de captar en una imagen o interpretar en un drama ante una cámara. Pero sí se puede pintar, porque el arte, al igual que la mirada, nace en el alma. 
No creo que ya lo haya logrado, pero creo que la práctica hace al maestro. Además, casi nunca el resultado de mi trabajo coincide con lo planeado. En la mayoría de los casos, la pintura hace lo que quiere conmigo y la trama de mi cuadro se desenvuelve con una extraña y rebelde vida propia.

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