Criaturas extrañas que conviven en mi cabeza, que obtienen forma y expresión en sueños o, a veces, nacen en el vacío, ligeras como una brisa del mar. Inspeccionan el mundo que los rodea desde mis cuadros y a cualquiera que se ponga frente a ellos. No son los observados, sino los que observan. Con los ojos siempre grandes y abiertos. Son belleza, porque es en lo que más creo, y su imagen dista de ser real, porque la realidad no es más que una percepción individual.