Alisa gromova

Existen millones de galaxias con soles diferentes al nuestro, de colores rojos, naranjas e incluso azules. Se les llama también "hipergigantes" o las estrellas más brillantes. Me gustan los nombres de estas constelaciones, algunos suenan tan misteriosamente, son ese tipo de denominaciones que evocan curiosidad por la inusual composición de sonidos. Mis preferidos son: Antares, Betelguese, Shaola, Denébola, Alderamín, Bellatrix y Sirio (ya se de dónde sacó los nombres la escritora de Harry Potter).
Tal vez en algunos de estos planetas y constelaciones lejanas hay vida, de todas formas sus soles son primos del nuestro. Conforme avanza la tecnología permitiendo al hombre adentrarse en el espacio, se desvanece la idea de que Dios está en alguna nube de la Tierra. En general, entre todo ese abanico de religiones que tenemos en actualidad, ninguna idea sobre la posible imagen de Dios me convence.
 Encontré lo más parecido en qué tener fe en un capítulo de Futurama. Adoro esta serie.
Cuando Bender se pierde en el espacio, colgado en la nada y navegando sin rumbo, un mini pueblo se establece en su barriga. Estas gentes consideran a Bender su Dios y le hacen interactuar con su sociedad. Al final, todo acaba en una gran guerra "mundial" y los intentos de Bender por ser un Dios justo resultan un fracaso. Entonces, sólo y aburrido, llega a una preciosa constelación, con miles de estrellas y colores. Ahí conoce a Dios, que tiene forma de esta constelación, y Bender le cuenta todo lo que le sucedió cuando él intentó ser Dios. Antes de que se despidan, Dios le da un consejo a Bender: "es mejor no meterse". Me encanta esta filosofía de vida, realmente un consejo divino y de gran utilidad y me gusta pensar que el Gran Creador reside en algún lugar lejano del universo y no aquí, encriptado entre las capas de estratosfera. 


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