Máscaras, símbolos de lo oculto y lo teatral, las hay en todas partes.
Se las ponen los payasos para hacer reír o causar horror como es mi caso; los superhéroes para obrar el bien y que sus superpoderes no les traigan la desolación consecuente de la fama, aunque hoy en día se logra más fama obrando mal; también las llevan los aficionados a la lujuria en selectos clubes camuflados entre otros tantos entretenimientos sociales, como el icónico club perverso de la película "Eyes Wide Shut" porque el anonimato es atractivo y porque lo sexual es más emocionante combinado con lo desconocido. 
Pero estas máscaras son materiales y reconocibles a simple vista, luego hay otras—las que muchos hombres se ponen a diario, es una cortés sonrisa pensada para esconder las verdaderas intenciones. Algunos se la ponen para ocultar la envidia a alguien más exitoso o más bello, otros esconden un estatus económico poco satisfactorio, otros quieren tapar el dolor por un amor perdido. Todo el mundo lleva algún tipo de máscara y debes fijarte muy bien para descifrar la verdad que se oculta debajo.
Es una máscara perfecta, excepto un pequeño defecto: los ojos no sonríen.
Aún así no todas las máscaras son porcelana y oro que recubre la peor parte de uno, al estilo Dorian Grey; algunas sirven para el revés; inducidas por la sociedad que sentencia la sensibilidad como debilidad, la timidez como la inseguridad y todo lo más humano que existe de vulnerable. 
Una sociedad que predica valores como liderazgo, el arte de manipular y engañar a los demás, es una sociedad de Matrix, sólo que en vez de los agentes Smith, todos son agentes inmobiliarios—un estricto sistema que obliga a aquellos que sobrevivieron al lavado del cerebro realizado por el colegio, la religión, la familia en muchos casos, a esconderse para no convertirse en el blanco de alguna otra estructura social.
Entonces la máscara no es un engaño, sino un escondite, un refugio para protegerse. Lo único es que no hay que olvidarse de quitarla, de lo contrario puede echar raíces en el rostro y hacerte olvidar quien eres.

alisa gromova cuadros