Alisa Gromova look

Todas las personas viven con miedo. Todo un abanico de miedos más de moda para que elijas uno acorde con tu temperamento y tu actitud. A los débiles les asusta que se descubra su debilidad, a los fuertes les asusta la aparición de alguien más fuerte. A los religiosos les asusta el infierno y a los escépticos muy secretamente también. A los mentirosos les asusta que cuando digan la verdad nadie les crea, a los honrados les asusta que no se reconozca su honor. Y todos temen a la risa — la moraleja de la famosa novela "El nombre de la rosa": Aquello que da risa ya no puede dar miedo. 


El ridículo es un fantasma muy peculiar, uno que no solo tiene su propio pedestal en la memoria, sino que también tiene poder sobre el futuro. Es el miedo a ser juzgado y a ser burlado — un clásico. Pero,  realmente, qué desperdicio de tiempo es tener miedo. Ojalá pudiera volver atrás en el tiempo y quitar aquella importancia que en algún momento de la vida tenían para mi cosas tan banales y personas tan insignificantes. Y cuántos desastres fueron causados por frivolidades y cuántos fracasos originaron nuevos miedos.

Miedos que con el tiempo toman más fuerza y se convierten en seres fantasmagóricos que como sombras nos siguen a todas partes. Y siempre habrá personas que enfrenten sus temores hasta destruirlos y otros que saldrán huyendo, pero aún hay otra clase de gente muy peculiar, no tan popular, pero no menos numerosa por eso: aquella que guarda a sus fantasmas cuidadosamente bajo llave, los alimenta, los mima y los obedece. Aquella clase de gente que se siente más cómoda en una existencia de esclavitud. 

Todos tenemos fantasmas del pasado y lo mejor que podemos hacer es aprender a convivir con ellos en una altanera ignorancia, hasta que se aburran de nosotros y nos abandonen por su cuenta.

Alisa Gromova look


Alisa Gromova look