"El corazón muere de muerte lenta, mudando cada esperanza como las hojas de un árbol, hasta que no queda ninguna. No hay esperanza, no hay nada." 
(Memorias de una geisha)
Me gustaría viajar a increíbles lugares de la Tierra para inspirarme a pintar las visiones que me traerán, pero, por ahora, tengo que conformarme con ver docum
entales antes de dormir para pedir al sueño que me lleve lejos.
Me apasiona la cultura perdida de Japón, especialmente la historia de las geishas. Es como una secta o un sistema político que rige un determinado mundo con sus propias normas y ética. Si tuviera que sentarme e inventar una cultura, no podría haber creado una mejor que la tradición de las geishas. No son cortesanas, son obras de arte en movimiento; es la máxima expresión de lo femenino, y es lo que más se acerca a mi arte, donde también convierto a mujeres en obras artísticas.
En el mundo de las geishas, la seducción es una ciencia centenaria y el amor es tan sólo una quimera. Un inquebrantable código de silencio gobierna a esas bellas mujeres, son testigos de los engaños y traiciones de los hombres más poderosos de su tiempo. Esta norma es como una garantía, las geishas venden su compañía y su cuerpo al que más paga, pero el que paga vende su alma. 
Esas mujeres son las únicas que vieron la verdad sobre la naturaleza de los hombres, conocieron sus obsesiones y palparon sus miedos. Algo que emerge y muere en tan sólo un instante, sin que nadie nunca llegue a saberlo. Sueño de los grandes filósofos y arqueólogos de la mente que buscan descifrar el alma. Tan sólo si pudieran ver detrás de los ojos de estas mujeres... 

Alisa Gromova cuadros