Alisa Gromova cuadros

Cuando era pequeña vivía en constante conflicto conmigo misma. Cuando me cogían ataques de rabia, golpeaba a mis muñecas, les arrancaba la cabeza y las lanzaba bajo la cama. Ese último gesto era el de mayor crueldad en aquel entonces, ya que el misterioso mundo que se despertaba cada noche bajo mi cama me aterraba. Incluso si me despertaba y de repente me daba cuenta de que me colgaba un pie o una mano, un fuerte escalofrío recorría todo mi cuerpo "menos mas que me desperté, ya que los monstruos de debajo de la cama casi me secuestran de un jalón".
Todo era desconocido y mágico a mi alrededor. Cuando al día siguiente me levantaba, ya de buen humor, recogía mis muñecas, les vestía, colocaba cuidadosamente sus cabezas, les daba besitos y les pedía perdón. Un comportamiento muy bipolar del que no pude deshacerme a lo largo de toda mi vida. 
Un día escuché a alguien de los "intratables y raros adultos" decir que uno sólo apenas puede alcanzar mayor objetivo, pero un grupo unido por una idea puede llegar muy lejos. Aterrada, pensé: "claro, si mis muñecas se juntan impulsadas por la venganza, qué me pasará? Será una revolución." Decidí cambiar. Más tarde vi Alicia en el país de maravillas y pensé: "y si un día algún gordo gusano fumado les da a mis muñecas una pócima para crecer?" Pueden hacerme lo mismo o peor, porque son malvadas y despiadadas."  
Decidí cambiar de nuevo y adopté una nueva estrategia. Ahora cuando entraba en cólera, me aseguraba de lanzar las muñecas por los rincones más alejados de la casa, para que no tengan oportunidad de una conspiración contra mi; y les ataba de pies y manos para que no pudieran crecer por circunstancias mágicas. Me acostaba dormir inquieta y estresada.
Mientras los mayores pensaban que eran tan sólo juegos infantiles, una batalla diaria se daba en mi cuarto—guerra de muchos años.
Ahora puedo solidarizarme con una extrema sensibilidad con los grandes líderes mundiales políticos, me imagino que su día a día debe ser igual que el mío en aquel entonces, sólo que en proporciones mayores y aplastantemente reales. Aunque nunca entendí cuánto de juego y cuánto de realidad había en aquella época.


Alisa Gromova cuadros