alisa gromova


¿Por qué somos tan tristes?
No será porque los medios de comunicación nos asfixian con todos estos lifestyles inalcanzables. Tienes que comprar y comprar y consumir sin cesar para airear un poco tu pobre ego.
Todo idealizado por ídolos falsos, futbolistas que cobran millones, mientras los trabajodes sociales apenas llegan al fin de mes. Niños pijos con ipads, mientras millones son violados, abusados, extorsionados. Si no tienes dinero, jódete. Si no naciste en cuna de oro, vive como escoria, al menos de que te rebeles contra el sistema, pero pocos seguidores encontrarás. La mayoría son cobardes.
Para que sigas existiendo—alimentando a ese gran monstruo, y no te den ganas de saltar desde un acantilado al llegar a los 30, te intoxican con historias de personas que, pobres e insignificantes como tú, lucharon por su sueño y ahora gozan de riquezas y lujos que solo puedes ver en los shows de MTV.
Y nosotros nos lo creímos.

La magnífica serie británica "Black Mirror" es una feroz y fiel crítica de lo que estamos creando. El segundo capítulo de la primera temporada "15 millones de méritos" ilustra a la perfección el post de hoy.
Consumimos algo que no existe, por ejemplo: las modelos de la Vogue. Hace tiempo que son una vaga proyección de lo que es una mujer real. Son resultados de una atroz competencia entre marcas, editoriales, estilistas y fotógrafos.
Mi generación no está tan lejos de los condenados personajes de la película "Never let me go". Viven sin siquiera tener consciencia de que podrían ser libres. Fueron clonados para servir como una refrigeradora de órganos para sus clientes y están destinados a entregarlos y morir antes de llegar a una edad madura. Mientras ves esta película, tu voz interior ansia rebelión y venganza. La injusticia te revuelve el estómago, lloras y amas con sus personajes al menos de que tengas la capacidad emocional de un microondas. Te preguntas cómo no se dan cuenta de que son seres vivos y no reclaman sus derechos. Acaba la película y te acuestas pensando en la rutina que te espera mañana y pasado y pasado... ¿Por qué no te rebelas?
Soy una coleccionista de sonrisas. Me gusta pasearme por la ciudad y contar las sonrisas que veo. Puedo cruzarme con cientas de personas y contabilizar 10 sonrisas y la mayoría son de niños o de enamorados. Los demás pasean tristes con la mirada ausente o clavada en el asfalto. La tristeza zurca sus rostros con arrugas y apaga la luz de sus ojos. ¿Acaso solo el amor y la niñez tienen derecho a la felicidad?
Ya somos una versión sarcástica de una realidad que en épocas anteriores parecería absurda y jamás nadie creería que las personas fueran lo suficientemente estúpidas para dejar que ocurra.

alisa gromova
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