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Ayer leí un escalofriante post en Instagram de una chica que contaba detalladamente su experiencia tras el robo de su cuenta. Resulta que un hábil informático jaqueó su cuenta de 57.000 seguidores y le pidió RESCATE!!! No se me podía ocurrir esa situación sin marcos irónicos. La chica contaba su reacción al enterarse: crisis nerviosa, histeria, perdida de visión, pánico y el tremendo alivio (orgasmo?) al obtener su cuenta de vuelta: vosotros sois mi todo, gracias por apoyarme, no puedo vivir sin vosotros, bla bla bla...

¿Soy la única que piensa que es deprimente y ridículo? Desde luego los familiares de las víctimas de París no recibieron tantos mensajes de ánimo, consuelo y condolencias como esa niña. Y esa niña seguramente no habrá llorado tanto cuando enterraba a sus abuelos que por su cuenta de Instagram.



Yo se que el Instagram es mentira y que somos universo encerrado en un cuerpo. Igualmente lo uso, ya que me parece una perfecta plataforma para promocionarme como artista, pero me siento como una muerta esperando que pongan su corazón en la balanza: ¿de qué soy parte cada vez que uso las redes sociales? Lo que es publicidad para mi (negra en ocasiones) es realidad para otros. ¿No es triste que tu vida, tu autoestima y tu consciencia dependan de una ilusión? De un número de avatars-personas sin rostro, seguidores desalmados en su mayoría que se suscriben a ti para qué? Para inspirarse!!! Esa es otra gran mentira. La inspiración se haya en ti, si la buscas fuera—estas perdido. Puedes ver referencias, tendencias, técnicas, pero para aquello no hacen falta millones de usuarios.

Tengo mi cuenta plagada de mustafas, abdallahs y rajis, que dudo mucho que busquen inspiración en mi galería, o si se puede llamar inspiración a material para hacerse una paja. 
Pienso que lo que es una diversión para mí, ya que me gusta publicar fotografías, a menudo con mensajes provocadores—provenientes de mi lado más obscuro; es una forma de vida para otros. Y robarle la cuenta de Instagram para alguien equivale a robarle su identidad, su alma. Me rio de eso y luego me siento aterrorizada por toda esa gigantesca máquina devoradora de espíritus a la que estamos conectados como en Matrix.
¿De qué soy parte al jugar ese juego? El hecho de que me doy cuenta del deplorable estado del mundo no me otorga un lugar privilegiado en esa podrida jerarquía. Más bien, soy MÁS CULPABLE por formar parte de algo tan venenoso. Es más fácil ser ignorante. Los ignorantes recibirán más compasión en el infierno (jaja).

¿De qué soy parte a la hora de comprar un iphone cada vez más nuevo? El pobre Steve Jobs luchó tanto para quitar las indemnizaciones a los familiares de los trabajadores "accidentados/muertos" en el horario laboral de sus fábricas. Todo para invertir más dinero en las aplicaciones que "hacen nuestras vidas más cómodas".

¿De qué soy parte cada vez que me vuelo con la música de Lana del Rey, cuando sólo habla de que quiere drogarse, de que le gusta sentirse "bitch" y seducir a los hombres mayores. Mi ego (muy obscuro) se siente identificado y complacido por lo masivo de sus hazañas. "YO QUIERO SER BUENA, PERO SI TODOS LO HACEN NO SERÁ TAN MALO". Quiero arder de pasión y odio y prender fuego a otros, porque puedo y porque su música me inspira a hacerlo.

Ya soy parte de todo eso, soy peor que aquello que acuso. Mi as en la manga es que siempre puedo parar y sanarme, pero cuántas manos te permiten los cielos jugar?


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