Criaturas Extrañas que Conviven en Mi Cabeza
Pinturas, ilustraciones y arte decorativo de Alisa Grom. Personajes que obtienen forma en sueños o nacen en el vacío, ligeros como una brisa del mar, y observan el mundo desde el lienzo con los ojos siempre grandes y abiertos.
Belleza · Percepción · SueñoSobre mí
Soy Alisa Grom, también conocida como Alisa Gromova. Mi trabajo se mueve entre la pintura, la ilustración, el arte decorativo y la fotografía, explorando cómo las imágenes nacen de los sueños o del vacío.
Las criaturas que conviven en mi cabeza obtienen forma y expresión en los sueños, o a veces nacen en el vacío, ligeras como una brisa del mar. Inspeccionan el mundo que las rodea desde mis cuadros y a cualquiera que se ponga frente a ellas. No son las observadas, sino las que observan.
Creo en la belleza como guía, y entiendo la realidad como una percepción individual. Por eso cada obra es una forma de mirar —y de ser mirada— desde una perspectiva única.
Proceso y oficio
El proceso comienza antes del pincel. Las ideas aparecen en estados oníricos, en el silencio del estudio o en el encuentro con una imagen que perturba la mirada. A veces la forma surge sola, ligera; otras veces hay que buscarla en el vacío y dejar que respire hasta tener rostro.
Trabajo en series donde la pintura, la ilustración y el arte decorativo se cruzan. Los personajes se repiten, se transforman, cambian de escala o de técnica: pasan del óleo al papel, del papel al objeto, conservando esa cualidad de observadores pacientes con los ojos siempre grandes y abiertos.
La fotografía aparece como otra manera de mirar, un cuaderno de bocetos en luz. Junto con la observación cotidiana del mundo, alimenta la pintura con imágenes que la memoria no siempre guarda.
En la práctica artística de Alisa Grom, la pintura se convierte en un puente entre lo visible y lo soñado. Sus obras, realizadas principalmente con acrílico y técnicas mixtas, dan cuerpo a figuras que parecen emerger de un lugar intermedio entre la vigilia y el sueño. La paleta, dominada por tonos profundos y terrosos, refuerza una atmósfera contemplativa que invita al espectador a detenerse. Cada lienzo funciona como una pequeña ventana hacia un universo interior, donde los personajes observan con ojos atentos y cargan consigo una quietud que parece suspendida en el tiempo, como si el mundo representado respirara muy lentamente ante quien lo contempla.
La ilustración y el arte decorativo ocupan un lugar central en este universo creativo, donde las criaturas que pueblan los lienzos comparten rasgos delicados y enigmáticos. Nacidas en el vacío o recogidas durante estados oníricos, estas figuras poseen una cualidad ligera, casi etérea, que contrasta con la solidez del soporte. El trazo combina precisión y espontaneidad, dejando entrever la libertad del boceto original. En el cuaderno de sketches, las formas se transforman antes de fijarse definitivamente, registrando un proceso creativo vivo. Esta documentación del devenir artístico revela que cada obra es el resultado de un diálogo paciente entre intuición, observación y una búsqueda constante de belleza en lo inesperado y en lo sutilmente extraño.
El trabajo fotográfico complementa la práctica pictórica, ofreciendo otra vía para explorar la percepción del mundo. A través de la cámara, se capturan instantes que comparten la misma sensibilidad que las pinturas: encuadres que privilegian la atmósfera sobre la acción, luces suaves y texturas que evocan memorias vagas. La fotografía funciona como un cuaderno visual paralelo, un archivo de imágenes que alimenta la imaginación y nutre las composiciones posteriores. En este cruce de disciplinas, lo fotográfico y lo pintado se retroalimentan, construyendo un lenguaje personal donde la imagen, sin importar su origen técnico, siempre busca transmitir una emoción contenida y una mirada atenta hacia los detalles ordinarios que suelen pasar desapercibidos en la vida cotidiana.
La temática de los sueños atraviesa toda la obra, no como representación literal, sino como estado creativo fundamental. Pintar, en este contexto, equivale a dar forma a aquello que aparece en los márgenes de la consciencia, cuando la razón se afloja y permite que afloren imágenes improbables. Las criaturas representadas comparten esta cualidad onírica: seres que no pertenecen del todo a ningún mundo reconocible, pero que resultan familiares al instante. Algunos tienen ojos enormes, otros cuerpos fragmentados o proporciones imposibles. Todos parecen custodiar un secreto que el espectador intuye pero no llega a descifrar por completo, manteniendo viva la tensión entre lo conocido y lo insondable que caracteriza a los sueños más evocadores.
La belleza y la percepción aparecen entrelazadas como ejes conceptuales del trabajo. Existe una preocupación constante por cómo construimos la mirada, qué elegimos contemplar y qué decidimos dejar fuera del cuadro. Las obras proponen una reflexión silenciosa sobre los criterios estéticos, sugiriendo que lo bello puede habitar lugares inesperados, incluso en lo que convencionalmente se consideraría feo o caótico. Esta tensión entre lo atractivo y lo disonante se refleja en composiciones donde conviven elementos armónicos con otros que rompen el equilibrio, generando una sensación de desorientación productiva. El espectador queda así invitado a revisar sus propios parámetros visuales y a permitirse el asombro ante formas que inicialmente podrían parecerle ajenas o incómodas.
El vacío y la nada funcionan como espacios generativos dentro del proceso creativo. Antes de que aparezca cualquier figura, existe un momento de apertura total, una página o un lienzo en blanco que actúa como umbral. Las criaturas no se inventan arbitrariamente, sino que parecen aguardar en ese silencio hasta encontrar las condiciones propicias para manifestarse. Esta relación con el vacío conecta la práctica artística con antiguas tradiciones contemplativas, donde la quietud no es ausencia sino potencialidad pura. En las pinturas, grandes extensiones de color o de textura respiran junto a las figuras, recordándonos que aquello que no se muestra también comunica, y que el silencio visual tiene la misma fuerza expresiva que cualquier elemento figurativo presente en la composición.
El trabajo se inscribe en una búsqueda más amplia sobre la condición humana, la felicidad y el sentido. A través de imágenes que combinan lo mitológico y lo cotidiano, lo antiguo y lo contemporáneo, se construye una reflexión visual sobre quiénes somos y hacia dónde podríamos dirigir nuestra atención. Las criaturas pintadas funcionan como espejos oblicuos: no representan a nadie en particular, pero contienen rasgos que cualquier persona podría reconocer. En este sentido, el arte se ofrece como un espacio de encuentro donde la imaginación individual dialoga con preguntas compartidas, y donde la práctica estética se convierte en una forma de habitar el mundo con mayor presencia, curiosidad y apertura hacia lo que todavía permanece sin nombre.
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